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1
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Todos sabemos cómo han bombardeo y ametrallado
ciudades, inmolado a mujeres, niños, ancianos y elementos civiles indefensos.
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2
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Todos conocemos la saña con la que han asesinado a los
representantes de los trabajadores y de los campesinos en las poblaciones que
han ocupado, especialmente en Bananera, donde hicieron una expedición
punitiva contra los representantes de los trabajadores. Lo de Bananera fue un
acto de de venganza de la frutera.
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3
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Nos hemos indignado ante los ataques cobardes de los
aviadores mercenarios norteamericanos, que, sabiendo que Guatemala no cuenta
con una fuerza aérea adecuada para rechazarlos, han tratado de sembrar el
pánico en todo el país, han ametrallado y bombardeado a las Fuerzas Armadas
que combaten en el oriente de la república, impidiendo sus operaciones, y hoy
mismo han bombardeado y hundido a un barco mercante inglés que cargaba
algodón en el puerto de San José.
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4
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¿En nombre de qué hacen estas barbaridades? ¿Cuál es su
bandera? Todos la conocemos también.
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5
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Han tomado pretexto al comunismo. La verdad es muy
otra. La verdad hay que buscarla en los intereses financieros de la compañía
frutera y en los de los otros los monopolios norteamericanos que han
invertido grandes capitales en América Latina, temiendo que el ejemplo de
Guatemala se propague a los hermanos países latinoamericanos.
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6
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El tiempo se encargará de demostrar que lo que ahora
digo es verdad.
Sin embargo, ellos se aferran a sostener que comunismo
internacional es el causante de lo que ocurre en Guatemala, y en nombre de
ello es que tratan de ensangrentar aún más al país y de destruir nuestra
economía.
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7
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Como mi gobierno ha sido acusado de ser de naturaleza
comunista, sin que hayamos podido desvanecer que no lo es, aún cuando hemos
empleado todos los medios para convencer a los elementos reaccionarios del
mundo de que lo sostenido por los círculos gobernantes norteamericanos es una
patraña, y cómo esos círculos harán más despiadada la agresión contra
Guatemala, he tomado una dolorosa y cruel determinación:
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8
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Después de meditarlo con una clara conciencia
revolucionario, he tomado una decisión de enorme trascendencia para nuestra
patria, en la esperanza de detener la agresión y devolverle la paz a
Guatemala.
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9
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He determinado abandonar el poder y poner el mando del
ejecutivo de la Nación en manos de mi amigo el coronel Carlos Enrique Díaz,
Jefe de las Fuerzas Armadas de la República.
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Yo he depositado mi confianza en el coronel Díaz,
porque estoy seguro que él sabrá garantizar la democracia en Guatemala y de que
todas las conquistas sociales de nuestro pueblo serán mantenidas. Es por ello
que creo que las organizaciones políticas democráticas y todas las
organizaciones populares deben prestarle su respaldo y apoyo. Así os lo pido
en mi último acto como gobernante de Guatemala.
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11
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Yo fui electo popular y mayoritariamente por el pueblo
de Guatemala, pero he tenido que luchar en condiciones sumamente difíciles.
La verdad es que la soberanía de un pueblo no se mantiene si no tienen los
elementos materiales para defenderla.
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Luchamos hasta donde las condiciones lo permitieran,
hasta un punto en que ir más allá, se perdería todo lo que hemos ganado desde
1944. Al tomar esta actitud no pienso más que en el pueblo, y por ello he
creído de mi deber contribuir hasta el último instante a salvar mucho lo que
conquistamos en los pasados años revolucionarios.
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13
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La situación militar del país no es difícil, ni mucho
menos. El enemigo que comanda las bandas mercenarias extranjeras reclutadas
por Castillo Armas, no sólo es débil, sino que es incapaz y cobarde; lo hemos
comprobado en los pocos combates que libramos. El enemigo logró avanzar y
tomar el departamento Chiquimula exclusivamente por los ataques de la
aviación mercenaria. Estimo que nuestros Fuerzas Armadas no encontrarán mayor
dificultad en derrotarlo y arrojarlo del país.
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14
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Me hice cargo de la Presidencia de la República con
gran fe en el régimen democrático, en la libertad y en que es posible
conquistar la independencia económica y política de Guatemala. Mi programa se
orientaba a conseguir plenamente esos objetivos. Sigo creyendo que ese
programa es justo, no se ha quebrantado mi fe en las libertades democráticas,
en la independencia de Guatemala y en todo lo bueno que impulsa a la
humanidad hacia el futuro.
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15
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Algún día serán vencidas las fuerzas oscurantistas que
hoy oprimen al mundo atrasado y colonial. Seguiré siendo, a pesar de todo, un
combatiente de la libertad y del progreso de mi patria.
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Os digo adiós, amigos míos, con amargo dolor, pero
manteniendo firmes mis convicciones. Guardad lo que tanto ha costado. Diez
años de lucha, de lágrimas, de sacrificios y de conquistas democráticas, son
muchos años, como para contradecir a la historia. No me han acorralado los
argumentos del enemigo, sino los medios materiales con que cuentan para la
destrucción de Guatemala.
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Yo os hable siempre de que lucharíamos costase lo que
costase, pero ese costo desde luego no incluía la destrucción de nuestro país
y la entrega de nuestras riquezas al extranjero, y eso podría ocurrir si no
eliminamos el pretexto que ha enarbolado nuestro poderoso enemigo. Un
gobierno distinto al mío, pero inspirado siempre la Revolución de Octubre, es
preferible a veinte años de tiranía fascista y sangrienta bajo el poder de
las bandas que ha traído Castillo Armas al país.
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No me resta sino agradecer profundamente la
colaboración que me han prestado tantos buenos servidores de la Nación. Los
ministros de Estado y los funcionarios y empleados públicos, en particular
los servicios de la Guardia Civil y del Ejército.
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Desde el fondo del corazón agradezco el respaldo y el
apoyo del Partido Acción Revolucionaria, del Partido de la Revolución
Guatemalteca, del Partido Renovación Nacional, del Partido Guatemalteco del
Trabajo y de las organizaciones populares que como la Confederación General
de Trabajadores y la Confederación Nacional Campesina, han defendido con
tanta decisión los anhelos del pueblo de Guatemala.
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Quizá piensen muchos que estoy cometiendo un error. En
lo profundo de mi conciencia no lo creo así. Solamente un juicio histórico
posterior podrá determinarlo.
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Deseo que se mantengan las conquistas populares de
Octubre, que se restablezca la paz una vez hayan sido expulsados del país los
invasores y que tenga éxito la gestión del gobierno que organice el coronel
Carlos Enrique Díaz.
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Con la satisfacción de quien cree que ha cumplido con
su deber, con la fe en el porvenir yo digo:
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¡Viva la Revolución de Octubre! ¡Viva Guatemala!
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Victor Moreira
jueves, enero 26, 2012
miércoles, enero 25, 2012
Militares en el gobierno del PP: ¿re-militarización?
martes, julio 01, 2008
Sobre la injuria
martes, enero 16, 2007
Poemas de Ismael Cerna
Poemas de Ismael Cerna(*)
AUTORETRATO
De un terso espejo ante la plancha clara
contemplándome estoy, y estoy tan fiero,
que a no ser por lo mucho que me quiero
lleno de indignación me abofeteara.
Una cara más larga que una vara,
cuerpo maltrecho, canillas que hacen cero,
un conato de frente, un ojo huero
y una nariz más larga que la cara.
Conjunto ruin, fealdad tan insolente;
al contemplar mi bárbara escultura
se me desgarra el corazón cruelmente;
mas al ver tan horrible desventura
tengo un consuelo y, pásmese la gente,
soy de mi pueblo la mejor figura.
A GUATEMALA
Ni gritos de dolor, ni acentos de ira
hallo en mi corazón. Al contemplarte
desfallece mi voz, mi canto expira.
¿Dónde el numen hallar para cantarte
la ardiente inspiración que al despertarte
haga estallar las cuerdas de mi lira?
El estro audaz, la inspiración bendita,
ambiente y luz y espacio necesita
en su noble y febril desasosiego;
necesita en la gran naturaleza
ejemplos de virtud y de grandeza
que arrebatar en su órbita de fuego.
Aquí donde se extiende asoladora,
como incendio voraz, la tiranía
implacable, feroz, aterradora;
donde cubre a la ardiente fantasía
cual fúnebre sudario ¡patria mía!
Atmósfera letal y abrumadora.
Aquí donde cobarde y sin aliento
se oye no más el mísero lamento
que alza un pueblo infeliz y envilecido;
donde, en vez del estruendo de la lucha,
solamente se escucha
del infamante látigo el crujido.
No es posible cantar: la mente inquieta
de sacudir aquí no encuentra modo
la oprobiosa estrechez que la sujeta;
aquí, encerrado en círculo de lodo,
en vez de inspiración siente el poeta
vergüenza de los hombre y de todo.
No, no es aquí donde de luz sediento
de espacio y libertad el pensamiento
pueda ensayar el vuelo soberano;
sólo desde las cumbres de los Andes
se atreve a desplegar sus alas grandes
el altivo Cóndor americano.
No es aquí donde el alma soñadora
puede saciar la sed que la devora
de santa libertad y de poesía;
no es aquí donde en estro levantado
puede hablar el poeta acostumbrado
a pensar y sentir con osadía.
No es aquí ¡vive Dios! El noble anhelo
de levantarse y escalar el cielo
en pro de un astro que esplendente asoma,
el ansia de la gloria sacrosanta
del corazón de un pueblo se levanta,
y no del fango en que se hundió Sodoma.
¡Ah! ¿y es esto verdad, Patria querida?
¿Es verdad que a los pies de quien te abate
te arrastrarás por siempre envilecida?
¿Ya ese tu joven corazón no late,
que dejas ¡ay! sin ira y sin combate
"que te arranquen los déspotas la vida?".
¿Es verdad ¡oh mi Patria! Que en tu suelo,
americano edén, pensil de flores
se haya extinguido todo noble anhelo;
que estás agonizando de dolores,
y no bajan mil rayos de tu cielo
a confundir a siervos y opresores?
Morirás, morirás sin que en tu oído
suene nunca un acento enardecido
en patriótico ardor, una voz fuerte
que altiva y poderosa se levante,
tus cadenas quebrante
y a la vida del siglo te despierte.
Esclava morirás. ¡Ah! Si pudiera
convertir mi cerebro en una hoguera,
y arder de inspiración como ardo en saña;
si hallar pudiera en esta tierra esclava
la tempestuosa voz con que atronaba
el sublime Dantón en la montaña.
¡Si yo tuviera sangre de espartanos
para dártela toda, toda, y luego
para herir en la frente a tus tiranos,
en rayos convertir este ardor ciego,
esta lira que estalla entre mis manos
y estas férvidas lágrimas de fuego!
Yo quisiera tener la soberana
furia del huracán o de los mares
la voz, aquella voz del gran Quintana
para agitar las iras populares,
como azota las selvas seculares
la horrorosa tormenta americana.
Yo quisiera, no sé; siento en el pecho
dolor, mucho dolor; siento un inmensa
agitación, un numen muy estrecho
para cantar lo que mi mente piensa.
Siento que lloro de ira y de despecho,
Y siento que este llanto me avergüenza.
Siento ¡oh Patria! Que te amo, y que no puedo
infundirte el aliento poderoso
del alma libertad, darte denuedo;
porque enfrente del yugo bochornoso,
veo en tus hijos llanto vergonzoso
y los veo temblar, temblar de miedo.
¡Oh! Malditos los déspotas que hirieron
tu hermosa juventud, los impostores
que al carro de los déspotas te uncieron…
malditos los soeces rimadores
que corona de burlas te pusieron
poniendo en el pavés a los traidores.
Malditos los que ven las hondas penas
en que tu hermosa juventud expira,
y no osan arrancarte las cadenas.
Maldito también yo, que ardiendo en ira,
No he roto contra el déspota mi lira
para darte la sangre de mis venas.
EN LA C ÁRCEL
¿Y qué! Ya ves que ni moverme puedo
y aún puedo desafiar tu orgullo vano.
¡A mí no logras infundirme miedo
con tus iras imbéciles, tirano!
Soy joven, fuerte soy, soy inocente
y ni el suplicio ni la lucha esquivo;
me ha dado Dios un alma independiente,
pecho viril y pensamiento altivo.
Que tiemblen ante ti los que han nacido
para vivir de infamia y servidumbre,
los que nunca en su espíritu han sentido
ningún rayo de luz que los alumbre;
los que al infame yugo acostumbrados
cobardemente tu piedad imploran;
los que no temen verse deshonrados
porque hasta el nombre del honor ignoran.
Yo llevo entre mi espíritu encendida
la hermosa luz del entusiasmo ardiente;
amo la libertad más que la vida
y no nací para doblar la frente.
Por esto estoy aquí do altivo y fuerte
tu fallo espero con serena calma;
porque si puedes decretar mi muerte,
nunca podrás envilecerme el alma.
¡Hiere! Yo tengo en la prisión impía
la honradez de mi nombre por consuelo.
¿Qué me importa no ver la luz del día
sin tengo en mi conciencia la del cielo?
¿Qué importa que entre muros y cerrojos
la luz del sol, la libertad me vedes,
si ven celeste claridad mis ojos,
si hay algo en mí que encadenar no puedes?
Sí; hay algo en mí más fuerte que tu yugo,
algo que sabe despreciar tus iras
y que no puedes sujetar, verdugo,
al terror que a los débiles inspiras.
¡Hiere…! Bajo tu látigo implacable,
débil acaso ante el dolor impío,
podrá flaquear el cuerpo miserable,
pero jamás el pensamiento mío.
Más fuerte se alzará, más arrogante
mostrará al golpe del dolor sus galas:
el pensamiento es águila triunfante
cuando sacude el huracán sus alas.
Nada me importas tú, furia impotente,
víctima del placer, señor de un día;
si todos ante ti doblan la frente
yo siento orgullo en levantar la mía.
Y te apellidas liberal ¡bandido!
tú que a las fieras en crueldad igualas,
tú que a la juventud has corrompido
con tu aliento de víbora que exhalas.
Tú, que llevas veneno en las entrañas,
que en medio de tus báquicos placeres,
cobarde, ruin y criminal te ensañas
en indefensos niños y mujeres.
Tú, que el crimen ensalzas, y escarneces
al hombre del hogar, al hombre honrado;
tú, asesino, ladrón, tú que mil veces
has merecido la horca por malvado.
¡Tú, liberal…! Mañana que a tu oído
con impotente furia acusadora
llegue la voz del pueblo escarnecido
tronando en tu conciencia pecadora…
Mañana que la patria se presente
a reclamar sus muertas libertades
y que la fama pregonera cuente
al asombrado mundo tus maldades;
al tiempo que maldiga tu memoria
el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia
te marcará como a Nerón, ¡infame!
Entonces de esos antros tenebrosos
donde el honor y la inocencia gimen;
donde velan siniestros y espantosos
los inicuos esbirros de tu crimen;
de esos antros sin luz y estremecidos
por tanto ayes de amargura y duelo;
donde se oye entre llantos y gemidos
el trueno de la cólera del cielo,
con aterrante voz, con prolongada
voz, que estremezca tu infernal caverna,
se alzará cada víctima inmolada
para lanzarte maldicion eterna.
En tanto, hiere déspota, arrebata
la honra, la fe, la libertad, la vida;
tu misión es matar: ¡sáciate, mata,
mata y báñate en sangre fratricida!
Mata, Caín, la sangre que derrames
entre gemidos de dolor prolijos
¡oh! infame, el mayor de los infames,
irá a manchar la frente de tus hijos.
Aquí tienes también la sangre mía,
sangre de un corazón joven y bravo,
no quiero tu perdón, me infamaría…
Mártir prefiero ser, a ser esclavo.
¡Hiéreme a mí que te aborresco, impío!
a ti que con crueldades inhumanas
mandaste a asesinar al padre mío
sin respetar sus años, ni sus canas.
Quiero que veas que tu furia arrostro
y sin temblar que agonizar me veas,
para lanzarte una escupida al rostro
y decirte al morir: maldito seas.
EL PERDÓN
No vengo a tu sepulcro a escarnecerte,
no llega mi palabra vengadora
ni a la viuda, ni al huérfano que llora,
ni a los fríos despojos de la muerte.
Ya no puedes herir ni defenderte,
ya tu saña pasó, pasó tu hora;
solamente la historia tiene ahora
derecho a condenarte o absolverte.
Yo que de tu implacable tiranía
una víctima fui, yo que en mi encono
quisiera maldecirte todavía,
no olvido que un instante en tu abandono
quisiste engrandecer la Patria mía.
Y en nombre de esa Patria te perdono.
(* )
Ismael Cerna
03.07.1856 – 08.04.1901
Tomado de:
Ismael Cerna
Nueve poemas
Cultural Centroamericana, S.A. (Libreria Proa)
Guatemala, C.A. 1974. 20 páginas.
sábado, septiembre 30, 2006
La banda del encomendero
La banda del encomendero
La banda del encomendero tomó el poder municipal en la ciudad capital hace ya veinte años. Y no es que no haya hecho ni cambiado nada, sino que lo hecho y lo cambiado ha sido para peor en por lo menos tres temas: el transporte público, el agua potable y la basura. Por eso mencionamos lo del tiempo en el poder: aquí no cabe la excusa de que los problemas estructurales no se pueden resolver en el corto plazo, en un solo período de gobierno, etc. De los cinco períodos consecutivos en el poder por parte de la banda, solo dos no los ha dirigido su caudillo Mono de Oro. Y por poco serían veinticuatro años en el poder si no es por el golpe de 1982. No olvidemos que fue funcionario luquista y su familia política estaba "hasta la cocina" durante ese gobierno.
En cuanto al transporte público, la banda se ha gastado miles de millones de quetzales en pasos a desnivel y adecuación de vías para privilegiar el tráfico de vehículos livianos –la forma más cara, ineficiente y contaminante de transporte público- y regalándoles a los empresarios autobuseros subsidios de todo tipo y hasta unidades nuevas vía préstamos a cuenta del erario nacional. Ahora van a inaugurar el Transmetro poco antes de iniciar la nueva contienda electoral.
Con el agua potable no nos ha ido mejor. La escasez y carestía que enfrenta la mayor parte de la población respecto del servicio domiciliar corriente son los signos principales en este caso: los conectados al sistema son pocos y mal atendidos y los que no, pagan hasta cinco veces más toneleando el agua de los camiones que la venden a precio de, claro está, escasez. Para ajuste de penas se privilegió solo la opción más rápida y rentable electoralmente: perforar pozos y bombear con electricidad. De ahí que el manto freático se agote, lo que agrava la escasez, y el precio del servicio sea cada vez mayor.
De la basura, los desechos sólidos, ni hablar. Seguimos vaciando toda nuestra porquería en el mismo hoyo inmundo situado en el centro de la ciudad. Algo así como que defecáramos en el comedor de nuestra propia casa.
¿Cómo es que el Mono de Oro y su banda siguen obteniendo la mayoría de los votos, elección tras elección, durante ya veinticuatro años? Según más de siete estudios y mediciones de opinión de diferente data, es porque "tal vez no resuelve pero tampoco roba". Y ¿cómo mantiene la imagen de honradez a pesar de Guatel, la Eegsa, el Inde, el Comando Antisecuestros, la desaparición de Mincho y el asesinato de Gerardi, para mencionar solo algunos ejemplos? Quien conteste correctamente tal vez hasta le gane la alcaldía, ¡si llega vivo al día de las votaciones!
jueves, septiembre 14, 2006
Farsa cívica
Farsa cívica
¿A quién beneficia y desde cuándo, la farsa anual de la independencia de Guatemala? Y no digo farsa por la dependencia del Norte –económica, política, financiera y comercial- por parte de los más importantes grupos empresariales y –al mismo tiempo, en lo cultural y tal vez hasta sicológico- de amplios sectores de la población.
Me refiero al hecho histórico, concreto, comprobable y tal vez polémico pero innegable de que no fueron Gabino Gaínza y los "Próceres de la Independencia" –la señora de Molina y su legendaria marimba, incluidas- los parteros de la República de Guatemala. Por el contrario, y para mayor inri de los criollos autodenominados liberales cuyos herederos nos gobiernan actualmente, fue el caudillo militar, presidente y dictador José Rafael Carrera y Turcios quien el 21 de marzo de 1847 firmó y puso en vigencia un decreto proclamando a Guatemala como república soberana e independiente, separándola definitivamente de la federación centroamericana y autoproclamándose su fundador.
La bola esa de liberales mediocres –seguramente antecesores directos de los actuales libertarios- que a saber quién ni cuándo proclamó próceres, como buenos chapines, urdieron la separación de España para que todo siguiera igual, pero sin corona, y más tardaron en realizar semejante "hazaña" que en anexarnos al dizque imperio mexicano, del que se separan poco después para darse a la tarea a derrocarse mutuamente con lo conservadores hasta quedarse solos a partir de mediados del siglo XIX cuando desaparece la federación centroamericana.
¿Y eso es motivo de festejo? Vergüenza nos debería dar semejante mediocridad y chambonería. Los herederos de esa "patria", la del criollo de Severo Martínez, es el empresario que hoy considera más rentable gastarse en anuncios de tele y radio, "por el cumpleaños de Guatemala" y en la banderita que pone en la ventana de su carro, una parte de lo que evade de impuestos que pagarlos para contribuir a que no haya niños que por hambre anden vendiendo esas mismas banderas.
En fin, si de algo vale la pena agradecer la existencia de la Patria, pues hagamos de nuevo las cuentas que está clarísimo que no es el 185º sino el 159º aniversario y que debió celebrarse este próximo 21 … hace 6 MESES!
martes, agosto 22, 2006
Homo transnacionalis
Homo transnacionalis
Cuando uno lee un artículo como el de José Raúl González Merlo en la Prensa Libre del martes 22 de agosto, no deja de pensar en la transformación que implica ocupar un puesto de alta responsabilidad en cualquier parte –pública o privada, nacional o extranjera–, especialmente cuando de ocupar ese puesto depende el sustento propio y de la familia.
En un país como Guatemala donde priva, y se mama y respira, una cultura autoritaria y maniquea, es muy difícil que las cosas no sean vistas en blanco y negro, no solo porque la simplificación facilita el tratar de comprender el mundo sino porque eso encaja a la perfección con la mentalidad de suma cero que es intrínseca a la dinámica transnacional de las empresas ahora llamadas "globales". Para éstas, lo que no es ganancia es pérdida.
Aunque su columna solo habla de tres de los diez puntos sobre la base de los cuales se explica el subdesarrollo en nuestro país, bastan dos para quedar claros "por donde va la chucha al agua".
Uno no puede sino estar de acuerdo en dos partes de dicho artículo. La primera oración que dice textualmente que "nuestra patria no es pobre por accidente" y la otra, el acápite o punto que denomina "los privilegios mercantilistas".
Pero de ahí a afirmar que el atraso de un país como Guatemala se origina en la Constitución y en la mentalidad de las personas, hay una diferencia cualitativa. Afirmar lo primero es insultar la inteligencia del lector y a la misma ciencia que le ayuda a denominar su columna (Homo economicus) y lo segundo es una generalización simplista: la mentalidad mercantilista priva en las elites y los personeros de las transnacionales y eso ha bastado para el atraso y el subdesarrollo durante quinientos y pico de años. Como todos sabemos, y no se cansan de repetirlo tránsfugas del sistema como Joseph Stiglitz, la globalización es libertad de mercado o empresa como la gimnasia es magnesia. Para saber eso no hace falta sacar maestrías o doctorados en ninguna parte, basta con leer la Prensa Libre.
En lo que no queda más que acordar es en lo de los privilegios, desde empresarios hasta sindicalistas y, muy especialmente, en lo estúpido que es su presidente. Digo "su" porque apuesto cien o más a que no votó por Colom ni por Ríos.
En fin, no se trata de polemizar, que no se puede. Y no se puede porque con gente así no se discuten cosas, cifras, hechos, sino abstracciones y en este caso –aún peor- por encargo. Junto con su aversión al Estado, primera coincidencia entre libertarios e izquierdistas, los extremistas que cunden en las páginas editoriales de hoy coinciden también otra cosa: pelan pero no proponen porque no se puede plantear nada viable sobre ese tipo de postulados.